
Se requiere de apoyo innovador para aprovechar el potencial de los bancos de semilla con más ayuda de la biotecnología
COPENHAGUE, DINAMARCA (3 de octubre del 2011) —En respuesta a las exhortaciones de los líderes africanos de adquirir nuevas herramientas para abordar los efectos del cambio climático en la producción de alimentos, el programa de investigación del CGIAR sobre Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS) publicó una serie de estudios enfocados a lograr que cultivos fundamentales para la seguridad alimentaria en el mundo en desarrollo sean “a prueba del clima”.
Los estudios constituyen diversos capítulos de un nuevo libro en inglés titulado Crop Adaptation to Climate Change, de la casa editorial John Wiley & Sons, que fue preparado por un equipo internacional de investigadores líderes en el mundo en temas climáticos y agrícolas, para facilitar estrategias de adaptación para más de una docena de cultivos —como papa, fríjol, banano y yuca— de los que dependen miles de millones de personas.
Los informes describen cómo el cambio climático podría amenazar la producción de alimentos, y cómo estrategias específicas de adaptación podrían neutralizar —o al menos reducir significativamente— su impacto. Argumentan que se requiere urgentemente de inversiones para identificar rasgos genéticos importantes, incluyendo la tolerancia a la sequía y la resistencia a plagas, que serán fundamentales para ayudar a los agricultores a adaptarse a nuevas condiciones de cultivo.
“Hemos reunido a destacados especialistas en clima y mejoramiento de cultivos para detallar cómo se afectarán los cultivos y qué pueden hacer los fitomejoradores para evitar —o al menos mitigar— contratiempos potencialmente devastadores”, dijo Julián Ramírez, un cientifico del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) con sede en Colombia y uno de los autores de los estudios.
De acuerdo con los estudios, es probable que muchos de los rasgos fundamentales que los agricultores necesitarán para afrontar condiciones más calientes, más secas y, en algunos casos, más húmedas son inherentes a las semillas que protegen los bancos de germoplasma. Pero los investigadores observan que, para aprovechar el potencial de los recursos fitogenéticos, en particular la rica reserva de rasgos contenida en los parientes silvestres de cultivos claves, se requerirá aplicar con mayor intensidad la biotecnología de última generación, incluyendo nuevas herramientas de los campos de la genómica y la transgenia, los cuales avanzan rápidamente.
“Estos resultados ofrecen a los fitomejoradores una base sólida para establecer prioridades de investigación durante las próximas dos décadas, que es más o menos el tiempo que necesitarán para desarrollar generaciones nuevas de variedades de cultivos apropiadas para ambientes agrícolas cambiantes”, dijo Bruce Campbell, director de CCAFS.
Los estudios indican que el impacto más directo en los rendimientos de los cultivos vendrá de los cambios en temperatura y precipitación. Pero también advierten que podría haber efectos indirectos provenientes de la incidencia alterada de plagas y enfermedades, aunque estos cambios no necesariamente serán negativos.
La papa, por ejemplo, un alimento básico para millones de personas, es vulnerable ante el estrés de calor, que reduce el crecimiento de la planta y la formación de almidón. Las temperaturas ascendentes en África meridional y en los altiplanos tropicales en todo el mundo podrían ser peligrosas. Ante ello, los científicos consideran que el desarrollo y la distribución de variedades de papa tolerantes al calor podrían reducir el daño relacionado con el clima para cerca del 65 por ciento (7,7 millones de hectáreas) de la papa cultivada en el mundo.
La polilla de la papa es también motivo de preocupación. Esta plaga podría extenderse hacia el norte y hacia elevaciones más altas como resultado del cambio climático. Sin embargo, pasará lo contrario con el tizón tardío, la enfermedad más devastadora de la papa, que causó la hambruna irlandesa en el siglo 19. Debido a los veranos más secos y cálidos en algunas regiones probablemente se suprimirá la incidencia de esta enfermedad.
Datos sobre los impactos del cambio climático proyectados en los cultivos de banano, fríjol, yuca y papa están disponibles en el sitio web de la recientemente creada Red de Conocimientos sobre Adaptación y Mitigación (AMKN, por sus siglas en inglés) (www.amkn.org). Esta plataforma en línea reúne un gran volumen de conocimientos de diversas fuentes acerca de la mitigación y adaptación climática, y vincula dichos conocimientos a mapas interactivos. Los usuarios pueden tener acceso a herramientas e información, por ejemplo modelos climáticos, índices de sequía y datos socioeconómicos acerca de la agricultura, junto con comentarios de los agricultores en video y fotos de sitios piloto en todo el trópico.
“Toda esta información ha estado muy dispersa, lo que ha dificultado que los científicos, los formuladores de políticas y los actores de la sociedad civil entiendan las complejas interacciones entre la agricultura y el cambio climático”, señaló Andy Jarvis, un geógrafo agrícola del CIAT, que lidera la investigación del programa CCAFS sobre adaptación al cambio climático. “Al tener disponible en un solo sitio tanta información clave, nos ayudará a entender mejor la amenaza que el cambio climático significa para la seguridad alimentaria y, asimismo, conocer nuestra capacidad para frenar dicha amenaza”.
Los nuevos estudios sugieren que, para muchos cultivos, el desarrollo de los rasgos necesarios para enfrentar el cambio climático promete ser un proceso largo y arduo. Anteriores esfuerzos de mejoramiento del banano y la papa se han centrado principalmente en el rendimiento, la calidad del producto y la resistencia a plagas y enfermedades, mientras que se ha prestado poca atención a la tolerancia a la sequía y el calor.
No obstante, los científicos están confiados en que algunas de las miles de muestras de variedades tradicionales y parientes silvestres de cultivos que están protegidas en los bancos de germoplasma contienen amplia diversidad de rasgos de tolerancia. Aunque ignoradas en gran parte en las técnicas modernas de mejoramiento de cultivos, las variedades tradicionales y los parientes silvestres de los cultivos podrían desempeñar un papel vital en ayudar a los agricultores a adaptarse al cambio climático, a pesar de los retos implícitos en el cruzamiento de especies distantemente relacionadas.
Para superar esas barreras, los investigadores necesitan información más detallada acerca de los rasgos de las variedades coleccionadas en los bancos de germoplasma, además de mayor apoyo para desplegar herramientas biotecnológicas que permitan recopilar y utilizar esta información.
“Esta investigación pionera, que considera cultivo por cultivo cómo el cambio climático alterará la producción de alimentos en el futuro, abre nuevas oportunidades para que la ciencia enfrente los retos que deben encarar los agricultores en todo el mundo”, dijo Campbell. “Sin embargo –advirtió- ante la rapidez de los cambios que se están dando en las condiciones de cultivo, estas ventanas no estarán abiertas por mucho tiempo. Debemos actuar ya para asegurar que, en las próximas décadas, los agricultores dispongan de las tecnologías que necesitan para garantizar la seguridad alimentaria del mundo”.
(Photo: Pic by Neil Palmer (CIAT). Plant samples in the gene bank at CIAT’s Genetic Resources Unit, at the institution’s headquarters in Colombia.)
